Me acuerdo claramente ese 2006, cuando me encerré un par de meses en mi cuarto para leer las teorías del origen del universo, la biblia y sobre las religiones. Desde ese momento me volví agnóstico y cada vez más refuerzo mis fundamentos. ¡Cuidado! no confundas al agnóstico con el ateo. No creo en los horóscopos, ni en los fantasmas, ni en supersticiones. Siempre que paso debajo de una escalera o rompo un espejo de casualidad mi vida no cambia en absoluto, porque antes que nada CREO EN MÍ, creo en el poder de la mente, en la magia de la naturaleza, en la fuerza del corazón y por supuesto en la energía que nos transmite no solamente la tierra, sino también las personas.
Vengo de una familia super católica, mis abuelos, padres, tíos, hermana tienen un profundo amor a Dios. Yo no comparto sus sentimientos, sin embargo algo que me ha enseñado mi madre desde pequeño, es a tener respeto por las costumbres y creencias de los demás. Siempre me dice: “Si fuéramos más tolerantes con las personas diferentes que uno, este mundo sería mucho mejor.” Si crees o no en algo, en mi opinión, deberías siempre expresarte con respeto.
Bueno, les voy a compartir mi experiencia realizando el pago a la Pachamama o a la Madre Tierra, práctica que viene desde mis antepasados: el Inca, los quechuas, los aymaras y diversos pueblos de los Andes.
Durante el mes de agosto en la parte sierra de Perú se celebra esta ceremonia, ritual, pago, ofrenda o agradecimiento a la tierra que nos da la vida. En general, es una tradición que se celebra en los pueblos andinos de Sudamérica.
Es la primera vez que participo de algo así, pues yo he nacido en la costa donde estas prácticas no son comunes. John, mi jefe y amigo, desde hace muchos años viene practicando esta ofrenda, así que el último sábado de agosto invitó a todo el Team de la empresa a participar. Obviamente, acepté con todo gusto y me llené de entusiasmo por tener una experiencia que con certeza me va a ayudar en la vida, yo sé que me va a ayudar.
Claro que había escuchado vagamente de que trataba el pago a la Pachamama, pero John, su esposa y demás amigos de Cusco, me explicaban poco a poco cómo funciona. Lo primero que aprendí es que nosotros debemos darle fuerza a la Pachamama para que siga generando vida. En la ceremonia debe haber una persona, como un curandero de los Andes o una persona sabia, que sepa preparar la ofrenda y todos sus detalles, ya que cada elemento tiene su significado y una explicación.
De preferencia, el ritual debe realizarse en un lugar que tenga mucho contacto con la naturaleza y algo muy importante es que requiere de concentración tanto del experimentador como de los participantes. Quién encabezaba la ceremonia era el maestro Fermín, amigo de la familia, que todos los años colabora con John y desde hace 50 años viene realizando esta práctica. El maestro Fermín es todo un personaje que iremos mencionando más adelante.
Semanas atrás habíamos inaugurado un nuevo local, entonces empezaríamos el ritual en la empresa para darle trabajo, éxitos y salud a todo el equipo, a nuestras familias y, por supuesto, darle mucha energía a nuestro nuevo centro de desarrollo, donde prácticamente pasamos gran parte del día. Además, teníamos que dar mucha fuerza a nuestras computadoras, a nuestro software, nuestro hardware, nuestros proyectos y nuestros sueños.
Mucho más tarde iríamos al Cerro San Cristóbal, que está a un paso de Sacsayhuamán y es donde realmente ocurre todo. En la empresa nos concentramos en nosotros, en nuestro centro de trabajo, en nuestra unión como grupo humano y como equipo. Algunas fotos de entrada, seguramente pueden notar un poco de humo:
El maestro Fermín, ordenó una manta con hojas de coca, flores, dulces, lanas, inciensos, semillas, alimentos, chicha, vino, hierbas y lo que nos pedía a cada uno, es que eligiéramos cada uno tres pares de hoja de coca en buen estado, debes elegir lo mejor que puedas. Elegir una hoja maltratada es sinónimo de muchas cosas: tu personalidad, tu vida, se entiende la idea, ¿no?
Después de que todos eligieron sus hojas, el maestro Fermín llamó uno por uno e hizo que esos 3 pares se juntaran para que pudieran pedir algo a la madre Tierra. Por ejemplo, con un primer par que esté bien unido, podrías pedir por la salud de tu familia y así sucesivamente con los demás pares. Se puede armar más pares, pero debido a que éramos muchos, el maestro optó por que cada uno eligiera solo tres.
Cada vez que le entregabas un par de hojas, el maestro pronunciaba un discurso en Quechua mirando hacia arriba y masticando las hojas. Entendía muy pocas palabras y de las pocas que captaba, me acuerdo de Ayllu = Familia, Apus (Más adelante explico), Machu Picchu, Huayna Picchu. El maestro hablaba a mil por hora, pero lo más importante que nos decía es que debíamos concentrarnos en nuestros deseos y pensamientos. Citándolo:
“Debemos creer en lo que estamos pidiendo y creer con todo el corazón y con todo nuestro ser, si no crees, no lo hagas”.
Ya que por momentos estábamos completamente callados, el maestro Fermín, nos pidió que nos relajemos, tampoco es un entierro o velorio. Así que después que cada uno pidió sus deseos, le hablaba a la tierra por la empresa, por los nuevos proyectos que tenemos en mente y arrojando alcohol y otros líquidos pedía por la seguridad de todos nosotros. Luego nos dio un tipo de alcohol y nos dijo que cada uno de nosotros, nos concentremos por un momento, en nuestro lugar exacto de trabajo y que echáramos el líquido en nuestras máquinas y en el suelo donde trabajábamos.
Así que me fui a mi sitio exacto de trabajo, me puse a meditar, a pensar en muchas cosas, a contemplar ese pedazo de materia que para mí, no es simplemente un computador, significa mucho. Pensé en muchas cosas, sobre todo en mis tareas para con la empresa y en cumplir mis sueños. Lo deseé, de verdad que lo deseé con todo lo que tengo aquí adentro. Y por supuesto, también le pedía a la madre tierra que me ayudara con algunas cuestiones netamente técnicas, hardcore, pero eso no viene al caso ahora.
Aquí ya un poco más relajados y degustando unos traguitos/chelas y más uyyyy.
Después de realizar parte de la ceremonia en la empresa, y con aprox. 5 litros de alcohol en la sangre cada uno :), nos dirigimos al Cerro San Cristóbal, que está a un paso de la Fortaleza de Sacsayhuamán. Ya era tarde, como las 00:30 am., pero deberíamos seguir con el pago a la tierra y con la parte más importante de la ceremonia. Justo a espaldas de la casa de John, se encuentra el famoso cerro, así que se nos facilitó el acceso al mismo. Lo único que sé es que estaba todo oscuro, caminamos y en poco tiempo llegamos al lugar exacto. Aquí recién llegando:
Llegamos al lugar exacto donde haríamos el pago a la Pachamama, un frío de aquellos, por cierto, es Cusco, hijos, no es Puerto Maldonado. Lo primero que hicimos fue buscar buena madera para la fogata, juntar buenas piedras para sentarnos y estar bien ubicados donde el maestro Fermín, quien nuevamente estaba armando su manta con elementos mencionados anteriormente. Una vez armada la manta, el maestro empezó a hablar con la madre Tierra, con el Cerro San Cristóbal. Cuando se da inicio a la ceremonia, se debe formar un círculo sagrado de participantes.
El pago a la tierra se hace normalmente frente a los Apus. Los Apus son espíritus de las montañas sagradas considerados como nuestros abuelos, son seres sagrados con quienes convivimos y debemos valorar. El maestro Fermín rezaba frente a los Apus, nos miraba y nos hablaba de toda la energía que el Cerro nos estaba dando en ese momento, pedía por todos los seres vivos.
Hay que activar el fuego, el aire, el agua, la tierra y los vientos. Nosotros lo que debíamos hacer es concentrarnos y también darle toda nuestra fuerza a los Apus. Tenemos que agradecer a la tierra, cada paso que damos, cada pedazo de tierra que usamos es parte de ella, así que debemos cuidarla y conservarla cada día.
Luego el maestro Fermín, pasó por cada uno de nosotros y nos agarraba la cabeza por unos minutos, nos decía que por un momento, interiormente, pidamos con todas nuestras fuerzas lo que queremos a la madre Tierra, estamos frente a ella y la estamos alimentando para que nos de algo. El maestro me preguntó mi nombre y, mirando hacia el cielo, volvió a repetir el mismo y pronunciaba más palabras en Quechua, siempre poniendo sus dos manos en mi cabeza.
Le pedí a la tierra algunas cosas privadas, también que cuidara a mi familia y le diera mucha salud, yo a cambio cuidaría a nuestra madre, amaría la naturaleza cada día más y me comportaría como un verdadero ser humano por cualquier lugar del mundo donde me toque estar. Y algo de lo que dije por dentro es:
“Cerro San Cristóbal, Apus, Pachacútec y todo ese gran Imperio Incaico, denme las fuerzas, el coraje y el temple para hacer de este mundo un lugar mejor. Cerro San Cristóbal, dame la sabiduría para entender a mis diferentes, quiero ser dueño de mis emociones y sobre todo quiero mucha más paz y amor, mucho amor.”
Luego el maestro Fermín quemó absolutamente todo el material que se le dio, era para nuestra madre tierra, pues en este momento estaba hambrienta. La fogata seguía prendida, no debes apagarla por ningún motivo. Acabada la ceremonia, lo que haces es irte y dejas que se apague sola, la Pachamama es la encargada de decidir cuándo se debe apagar, tú solo observas y disfrutas.
El pago a la tierra fue una experiencia increíble y no tengo ninguna duda de toda la energía que se transmitió a mi cuerpo y a mi mente. Estaba reconfortado y, por supuesto, desde ese día, sé que con mucha más razón, a la tierra, así como al mar y a los vientos, se le respeta.
Ahora te voy a seguir cuidando la naturaleza, sé que tu poder mueve montañas, ciudades y mares. Por eso cada paso que dé, voy a pensar en tu bienestar y cada pedacito que tome de ti, será muy bien usado por el bien de mi persona y el de los seres humanos que me rodean.
Me encanta Cusco, su historia, su mística, su cultura y la energía que se siente, pero eso sí, tú decides si quieres o no sentir algo. Para empezar tienes que creer, y yo estoy seguro de que esta ciudad transmite mucho. Solo una persona que ha vivido o pasado algunos días en Cusco, sabe perfectamente de que estoy hablando. Es un lugar sagrado, mágico, es el ombligo del mundo.
Aquí las últimas fotos en la fogata y después de la ceremonia final, todos felices:
Espero repetir este sagrado momento. Por cierto, hoy leí una frase que me gustó mucho y me gustaría compartir contigo:
“La vida es aquello que pasa mientras unos se dedican a hablar mal de otros.”
Ronny
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