Ronny Yabar Aizcorbe
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Mis experiencias como voluntario en la Aldea Yanapay – Parte 1

Aldea Yanapay

Todo empezó a fines de enero de 2011. Estaba libre por las tardes y algo que quise hacer desde que llegué a Cusco fue trabajar en proyectos sociales o de investigación. Tenía muchas ganas de hacer voluntariado principalmente en un lugar donde pudiera trabajar con niños. Me había dado el tiempo de buscar en Google sobre aldeas en Cusco y no encontré mucha información. Lastimosamente, me topé con muchos programas de voluntariado que son de pago y solo para turistas, en mi opinión, algo ilógico, pero en este mundo existe de todo, así que hay que aceptarlo.

Después de muchas búsquedas parece que el Inca Pachacútec movió sus piezas para que llegue a la Aldea Yanapay. Yanapay es un proyecto social creado por un cusqueño soñador, Yuri Valencia,  donde se aprende, se comparte, se enseña a niños vulnerables, niños que no han tenido las mismas oportunidades que otros, pero sobre todo es un lugar para dar amor y construir una familia.

En Yanapay hay biblioteca, ludoteca, salón de arte y los voluntarios enseñan lectura, inglés, matemáticas, entre otras materias. También hay talleres de arte, música y pintura. Como ves, es un gran proyecto que día a día va creciendo. Por cierto, Yanapay significa AYUDA en quechua.

¿Y entonces cómo llegué a la Aldea Yanapay?

En una de esas noches cusqueñas, por esas razones del destino, conocí a una limeña mazamorrera que luego se convertiría en gran amiga mía, Kattycita. Un poco loca, bueno, no un poco, bastante loca, pero buenísima gente, mi sister.  Conversando con Katty, le comenté sobre mis deseos de enseñar a niños y trabajar como voluntario, y ¿Adivinen qué? Katty fue voluntaria en la Aldea Yanapay por muchas semanas. Esta chica cayó del cielo; me dio la página web; me comentó mucho acerca del proyecto, la gente que trabaja, cómo funciona, cómo contactar, etc. Gracias cara de cuy.

Envié mi mail al coordinador de voluntarios, Janek, y me contestó a la semana. Revisó mi hoja de voluntariado, el porqué quería entrar a la Aldea, experiencias, etc., y ¡hip hip hurra! Janek me dijo que empezaba el siguiente lunes. Ya antes había tenido experiencia en el Albergue Sagrada Familia en Arequipa y siempre me ha encantado enseñar, pero aun así ya tenía muchas ganas de empezar.

Así que empecé en Yanapay y tuve la suerte desde el primer día de hacer una gran amistad con Carlitos, otro voluntario de Cusco que actualmente radica en Lima.  Aquí junto con los niños:

El trabajo de un voluntario en Yanapay es de lunes a viernes; empieza a las 3pm, pero debes estar mucho antes para que puedas dejar tus cosas, cambiarte y finalizar a las 6:30pm. Hay 2 reuniones a la semana: lunes y miércoles, donde se conversa sobre en qué consiste Yanapay y se presentan las dudas o problemas que podamos tener los voluntarios.  Durante la semana, tu trabajo está dividido en 2 partes: en la primera parte del tiempo, realizas actividades para que los niños puedan recrearse con juegos educativos y en la segunda parte trabajas con una familia en un tema específico.

Una familia es un grupo de niños que tienen cierta edad. Por ejemplo, existen las familias Dinosaurio de los más grandes (13-14 años), Sol, Corazón, Cielo, Uvas, Tigre y los más enanos que son los Delfines. En Yanapay, el 90% del tiempo la pasé con la familia Corazón (9-10 años) y, como se imaginarán, se convirtieron en mi gran familia. Fue gratificante compartir, aprender e identificarte con estos chicos y lo satisfactorio de esto es que la relación fue recíproca.

Claro que se necesita paciencia y tacto para tratar con los niños, pero al final la recompensa es felicidad, mucha felicidad. Puedes equivocarte, por supuesto, pero la ACTITUD hacia ellos: “Dar amor y tener voluntad de enseñar” es algo que no debe cambiar por nada.

El tema que debes tratar en la semana, Janek, el coordinador, te lo da con anticipación 2-3 días antes del lunes  y tú debes preparar tus clases todos los días. Usualmente hay 2 voluntarios por aula y a mí la primera semana me tocó hacer las clases con Vicky de EE.UU. Algunas veces rotas de familia, pero con Vicky estuvimos juntos varias semanas.

Por ese entonces, se estaban estudiando los países y nos tocó Uruguay. Linda oportunidad para aprender más de este país. Algo lindo de la Aldea Yanapay es que todos los viernes a las 5pm se presenta un show, donde cada familia debe presentar ante todos lo aprendido durante la semana y hacer algo alusivo al tema que desarrollaste.

yanapay_viernes

Aquí una fotito en pleno show:

Show Yanapay

Durante la semana tienes que darte tiempo para estudiar tu tema y, además, preparar muy bien la presentación. Esa primera semana me acuerdo de que con Vicky y los corazones, preparamos un tango uruguayo. Al principio no era nada fácil, créeme que la sudas, pero poco a poco los chicos agarraron ritmo. En clase nos había quedado muy bien el baile, pero en la presentación las cosas no siempre salen iguales jajaja. Bromita, el tanguito nos salió más o menos y creo que a pesar de algunos nervios de los chicos, dieron todo de sí y eso es lo importante.

Esa semana fue increíble, empezando porque ya tenía una nueva familia de niños: Jeremy,  Andrés, Gianella, Manuel, Maira, Pamela, Sebastián,  Jennifer,  Melany… Además, conocí a grandes personas, voluntarios de muchos países y, obviamente, ese intercambio cultural, de palabras e ideas te enriquece.

Fotos después de clases con algunos niños de mi familia Corazón:

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

La 1.ª semana no pudo ser mejor; todo salió muy bien. Y para cerrar con broche de oro esta semana, me gané una torta de chocolate en el bingo que se realiza todos los martes a las 8pm en el Café-Restaurant Yanapay. Este es un lugar grandioso, con un decorado espectacular, y sirve de fuente de financiamiento del proyecto. Nunca más en mi vida volví a pisar un café-restaurante con ese estilo tan particular. En ninguna otra ciudad de las que visité vi algo parecido.

Para un niño, el local es impactante por la temática, los muñecos, los juegos, el decorado, los colores y la energía que se siente. Incluso los que atienden se ponen gorros raros o se visten de duendes. Parece que estás en un cuento. Cuando llevé a mi hija Celeste por primera vez, ella tenía 4 años y se quedó con la boca abierta.

Cafe Yanapay

Cafe Yanapay

Vayan al restaurante, por favor; la van a pasar muy bien y lo que consuman va a ser para ayudar a la Aldea. Hay variedad de bebidas y comidas a muy buenos precios. (Calle Ruinas 415, 2.º piso).

Estaba acostumbrándome más al ambiente de Yanapay y a la forma de trabajo. Es normal que los voluntarios permanezcan 1 o 2 semanas y después se vayan a sus países o retornen a sus actividades. Otros voluntarios se quedan más tiempo, así que uno se acostumbra a saludar y despedirse de gente constantemente. La 2.ª semana me tocó la familia Dinosaurio y trabajamos junto con Raquel de España (excoordinadora del Proyecto) y Claire de Irlanda. Claire nos enseñó un baile súper alegre de su país, además de contarnos mucho de la forma de vida de su gente.

Y las siguientes semanas retorné a la familia Corazón, desarrollando nuevos temas y más países; una semana tocó departamentos del Perú. Aprendí muchísimo de los niños. Fueron semanas maravillosas jugando y aprendiendo con ellos. Llegas a casa y te haces muchas preguntas. Hay cosas que conversas con ellos que te llegan al alma,  te comentan inocentemente los problemas que tienen en casa, sus vivencias y te dejan pensando: ¿Por qué tiene que ser así?  ¿Qué puedo hacer yo? Ya se imaginarán que los problemas en casa influyen mucho en su comportamiento y actitud. Muchos de estos niños vienen de hogares muy difíciles donde existe necesidad, falta de educación, ausencia de padres, violencia, etc.  Aun así, en Yanapay lo que sobra son besos y abrazos.

Es sorprendente lo hábiles que son; es un hecho que los niños son máquinas de aprendizaje. Uno mismo termina sorprendido por la rapidez de pensamiento y de captar conceptos. Algunas veces, estuve en el aula de tutoría enseñando inglés y hasta ahora me acuerdo de la sana competencia que había entre los niños por aprender. Verlos discutir por quién conocía más, quién aprendía más, era algo que hacía que lo único que hacía era motivarte a seguir trabajando. Yanapay, son tantas cosas al mismo tiempo que cada día aprendes a valorar lo poco o mucho que la vida te da, aprendes a valorar a tu familia, a tus seres queridos, a los amigos sinceros y sobre todo valoras más tu vida y la de los demás.

Como les comenté antes, algo que te marca para siempre es conocer gente increíble y haber compartido momentos con ellos: Carlitos, mi brother, su hermano Rafa, Juan Pablo y Glenda de Cusco, Karina de Lima, Sanne de Bélgica, una súper voluntaria todo terreno, Joyce de Suiza, Vicky, Bob y Ashleigh de EE. UU. UU., Lisa de Austria (cómo me hizo reír esta mujer), Neil de Sudáfrica, la dulce Ani de Alemania y cómo olvidarme de Inés, una argentina súper buena onda y bella persona con quien estuvimos juntos guerreando en la familia Corazón.

En la última semana nos tocó desarrollar el departamento de Huancavelica y junto con los niños hicimos una miniobra de teatro que trataba de unos viajeros rumbo a este destino. Modestamente, creo que salió excelente la presentación; es uno de los grandes recuerdos que tengo de las clases y los shows de los viernes.

Y por supuesto, gracias a Yuri, que me dio la oportunidad de seguir varias semanas en Yanapay. Janek (Inglaterra) y su novia Lucy (EE. UU.), por haberme aceptado al comienzo.  Rosita, quien prepara todos los días la leche para los niños. Con Rosita, para variar, siempre hablando de comida y nuestros platos típicos de la selva, ooooooye. Y Chío, que ayuda en toda la logística, con quien pasábamos largas horas conversando de la vida. En ese tiempo, tenía un celular muy básico y me duele hasta ahora haber perdido mi camarita y tantas fotos de tantos momentos. Pero esos recuerdos vivirán en la mente para siempre.

Otra cosa que me olvidaba de contar es que hay una cena para los voluntarios todos los viernes en la noche en el Café-Restaurant Aldea Yanapay. Se come delicioso y algo de especial de esa cena es que normalmente se decide un tema para, de acuerdo a ello, ir vestido. Una vez me disfrazé de Al Capone, el día que tocó personajes históricos jajaja. ¿Y qué viene después de la cena? Fiesta ehhhhhhhhh. Con Carlitos, que casi estuvo el mismo tiempo de voluntario que yo, nos íbamos a las reus de voluntarios y realmente qué grandes noches pasamos, pero esa es otra historia que sólo el cielo de Cusco y nosotros sabemos.

Fueron momentos valiosos. Solo un voluntario que ha estado en Yanapay o en un lugar parecido puede entender lo que se siente cuando lo dejas.  Es una mezcla de alegría por todo el amor que recibiste, tristeza, mucha tristeza por la familia que dejas, esperanza porque puedes imaginarte un futuro para ellos y satisfacción porque sabes que te entregaste al 100%.

El día que dejé Yanapay, lo único que hacía era extrañar todo, créanme que se siente y se siente fuerte. Ese día, alisté mi mochila, me despedí de todos y me fui caminando donde mi hija Celeste; lo único que quería era abrazarla. Todo el camino, era inevitable no sentir un vacío; dije que tenía que ser fuerte, aunque no pude más y empecé a derramar varias lágrimas. Se me cruzaron varias cosas por la cabeza.

Me puse a pensar en tanta desigualdad que podemos ver en el Perú y toda América Latina. Me acordé de tantas veces que pasé por situaciones tan difíciles cuando era pequeño. A  mí también me tocó pasar hambre muchas veces, no un día ni dos, sino varios días seguidos. Sé perfectamente lo que es irse a dormir con el estómago vacío. No lo digo para hacer drama, que lo detesto, sino porque simplemente fue así y sé que muchos de estos niños han pasado y pasan por esto. Después de unos minutos, dije tranquilo que todo va a estar bien; sé que van a estar bien. Esta es una frase del Dalái Lama, que la asimilé, la interioricé y se quedó grabada en mi mente hasta el día de hoy.

“CUANDO EL CUERPO SUFRE, EL ESPÍRITU CRECE”

Aquí fotos del último día en la Aldea Yanapay. Gracias por las fotos, Carlos.

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Ronny Yabar - Aldea Yanapay

Soy voluntario en KDE desde hace 2 años (Una comunidad internacional de programadores), he colaborado organizando varias charlas de tecnología, capacitado a varios niños en  el uso de herramientas tecnológicas y pienso que precisamente son esos momentos los que te ayudan a hacer un balance en tu vida.

DAR SIN ESPERAR NADA A CAMBIO, DE ESO SE TRATA.

Por eso siempre les digo a mis verdaderos amigos y familia que no duden un solo momento en ser voluntarios en algún proyecto social, cultural o de investigación. No lo pienses un solo momento, simplemente hazlo y punto, porque es algo que no tiene precio; es algo que te va a producir mucha satisfacción, felicidad y va a marcar una diferencia en tu vida.

Pase lo que pase en mi vida, nunca me olvidaré de esta experiencia increíble llamada Yanapay. Tengo clarísimo que cuando llegue a cumplir todas mis metas y objetivos voy a dedicarme a tiempo completo a trabajar con niños vulnerables. Es un sueño que voy a cumplir algún día. Tal vez sea más adelante, pero lo voy a hacer.

Ronny

Gracias por tu visita al blog. Puedes seguirme en Instagram y en Twitter.

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UPDATE:

Se acordaron de mí en la aldea 😦  Extraño mucho a todos.

aldea_yanapay

Esperen, ¿Pensaban que esta historia había terminado? No, no, no, este pechito espera volver al proyecto; voy a terminar “Mis Experiencias Yanapay Parte 2”.  Este post tratará de la Casa Cultural Yanapay y las clases de computación que voy a dar y el laboratorio que vamos a armar en Yanapay (gracias, Yuri).  La Casa Cultural Aldea Yanapay es un nuevo proyecto de la Aldea destinado a jóvenes, adultos y adultos mayores.

Un abrazo a todos

¡Kausachun Yanapay, Kausachun Cusco!

Cuando sales del aeropuerto de Cusco, hay un cartel que dice:

“La magia de Cusco te traerá de vuelta”

Volveremos; estoy seguro de que volveremos.